ROMA IMPERIAL
El Imperio Romano fue una etapa de la civilización romana en la Antigüedad clásica caracterizada por una forma de gobierno autocrática. El nacimiento del imperio viene precedido por la expansión de su capital, Roma, que extendió su control en torno al Mar Mediterráneo. Bajo la etapa imperial los dominios de Roma siguieron aumentando, llegando a su máxima extensión durante el reinado de Trajano, abarcando desde el Océano Atlántico al oeste hasta las orillas del Mar Negro, el Mar Rojo y el Golfo Pérsico al este, y desde el desierto del Sahara al sur hasta las tierras boscosas a orillas de los ríos Rin y Danubio y la frontera con Caledonia al norte.
fILOSOFIAS Y RELIGIONES
Para los romanos la filosofía consistía en un conjunto de “ejercicios espirituales y reglas de vida”; no se la entendía como se la entiende en los tiempos modernos.Existían entonces escuelas de filosofía, igual que en Grecia, donde no solamente se acumulaban saberes sino donde también se enseñaba a vivir, a saber vivir; los epicúreos, los hedonistas, los estoicos no pretendían otra cosa más que sugerir códigos de comportamiento capaces de “sustraer al individuo de las inquietudes de la existencia”. Por lo tanto el concepto de Dios de los romanos es medularmente distinto del concepto de las “religiones del libro”; en efecto, los dioses romanos eran considerados como unos habitantes más de la naturaleza, influyentes y poderosos pero habitantes del mundo: “constituyen una de las tres razas que lo pueblan…los animales, que no son ni racionales ni inmortales; los hombres, racionales pero mortales; y los dioses, racionales e inmortales”.
URBANISMO ROMANO

El concepto de urbanismo considerado en tanto que realidad generada tras un proceso de sinecismo (agrupación de casas hasta conformar una ciudad), se viene dando desde el IV milenio a.C. en Asiria, Babilonia, etc. Sin embargo, de donde más directamente a la hora de planificar urbanísticamente bebe el urbanismo romano es de las reflexiones realizadas por Hipódamo de Mileto (s.V a.C.) sobre una realidad preexistente como era la de trazados ortogonales que ya aparecen desde el siglo VII a.C. Así Hipódamo divide el terreno de la ciudad (que se amolda al terreno a diferencia de la romana) en líneas verticales y horizontales, cuyo cruce tiene como resultado la parcelación en insulae cuadrangulares de la ciudad. Dichas “manzanas” si bien son iguales entre sí dentro de un mismo barrio, pueden variar no obstante de una barrio a otro, así como en su orientación.
Con estos precedentes afrontan los romanos su “planificación urbanística”, aunque como con casi todo lo que heredan de Grecia, imprimiéndole su propio sello, su idiosincrasia. Una de las características que diferencian la ciudad ideal romana de la griega es la adaptación al terreno; así mientras que las poleis se acomodan al terreno donde se construyen, las romanas en cambio se erigen sobre una estructura rectangular en un intento de hacer doblegarse el terreno (recuérdese en este sentido cómo por lo general los griegos aprovechaban la pendiente de una ladera para erigir sus teatros, mientras que los romanos tendían a levantarlos desde una base plana) y siguiendo el esquema físico e ideológico de un campamento romano: dos puertas principales se comunican mediante el cardo, que atraviesa la ciudad de sur a norte y al que acompañan una serie de cardines paralelos; otras dos puertas se comunican a través del decumanus maximus o calle principal en sentido este-oeste, a ésta acompañan una serie de decumanus paralelos. Las intersecciones de cardo y cardines con decumanus maximus y decumanus dejan la ciudad parcelada en insulae cuadrangulares, en este caso y a diferencia de lo sucedido en Grecia, todas iguales entre sí.
Estas que son las máximas de todo proyecto urbanístico fuera de Roma, paradójicamente, brillan por su ausencia en la misma Roma, ya que Roma comienza siendo una pequeña potencia que crece hasta llegar a dominar el Mediterráneo y lo que es más importante, su fundación fue obra etrusca, cuando todavía no había un contacto fluido con Grecia y empezaban a despuntar las planificaciones urbanísticas stricto sensu.
En el centro de la ciudad, bien en el cruce de ambas vías principales, bien en contacto directo con ellas y el centro, se ubica el elemento principal de toda ciudad romana: el foro. El foro romano (del latín forum, `plaza de mercado’ o `lugar al aire libre’), era la plaza del mercado y centro de negocios privados y públicos de la antigua Roma; la palabra foro era el término usado por los antiguos romanos para referirse al espacio grande, abierto y rectangular, en la parte central de una ciudad, un lugar público donde tenía lugar la asamblea del pueblo. En un principio era un espacio abierto, sin edificios, en el que la gente se reunía los días de mercado y en las fiestas religiosas, para las elecciones y para otros acontecimientos públicos; con el tiempo, se convirtió en el centro político donde estaban los edificios civiles y administrativos y los templos más importantes. Con frecuencia tenía arcos en ambos extremos de las calles o carreteras que lo atravesaban.
ARQUITECTURA ROMANA
La arquitectura romana adaptó los tres órdenes griegos y el llamado etrusco modificándolos y añadiéndoles otra forma de capitel que se definió por los arquitectos renacentistas con el nombre de orden compuesto. De esta suerte, se cuentan cinco órdenes, a saber:
* el orden toscano o etrusco que permanece básicamente igual.
* el orden dórico romano que eleva su columna a dieciséis módulos, adorna su collarino o garganta, añade un talón al ábaco, tiene el astrágalo en forma de junquillo que rodea al fuste y debajo de la corona de la cornisa lleva dentículos o mútulos. Esta última diferencia le constituye respectivamente en las variantes de dórico denticular y dórico modillonar, según los arquitectos del renacimiento.
* el orden jónico romano, que adorna más su capitel que el griego, reduce la magnitud de sus volutas, suprime en ocasiones el astrágalo y eleva la altura del fuste.
* el orden corintio romano, se ostenta más florido aún que el griego y en él abunda, sobre todo, la hoja de acanto. De ésta, lleva dos o tres series el capitel, dobladas hacia adelante y además de los dentículos admite series de modillones adornados para sostener la cornisa.
* el orden compuesto, que llegó a ser el predilecto de los romanos no difiere del corintio sino en engarzarse más los adornos y en alguna modificación accidental del capitel: éste se constituye por hojas de acanto sin calículos y con cuatro volutas que salen por encima del cuarto de bocel de modo que parece compuesto de jónico y corintio.
La arquitectura romana adoptó con frecuencia la superposición de un orden arquitectónico a otro diferente en un mismo edificio, quedando el más sencillo y robusto debajo del más elegante y delicado, según es de notar en el grandioso Coliseo romano. link text
ESCULTURA ROMANICA