La palanca financiera
Los mercados de derivados, especialmente los de opciones, han tenido un extraordinario desarrollo en el mundo financiero desde los años ochenta. Su versatilidad, al permitir operar tanto al alza como a la baja, les ha convertido en un excelente camino para la cobertura de riesgos. Pero su empuje viene motivado también por la extraordinaria capacidad que tienen para utilizarlos como palanca financiera, siendo capaces de amplificar la fuerza del operador que aumenta así el porcentaje de sus ganancias y también de sus posibles pérdidas.
Para hacer comprensible el apalancamiento en esos mercados permítanme que lo concrete en algo mucho más material, como es la compra de una vivienda.
Supongamos que creemos que dentro de un año un piso que ahora se vende por diez millones valdrá más caro, por ejemplo once millones y viendo la oportunidad lo compramos ahora justo por los diez millones. Un año después resulta que vale trece millones y lo vendemos. Obtendríamos una ganancia de tres millones con una rentabilidad del 30% sobre los diez millones invertidos.
Pero la historia de nuestra inversión en el piso no tiene por qué ser necesariamente así. Si en vez de comprar el piso hubiésemos hecho una opción de compra sobre él, estaríamos solo comprando un derecho, el de la opción de compra, pero no el piso en sí. Si habláramos con la terminología de los mercados de derivados diríamos que lo que hacíamos era comprar una call sobre el piso, que meramente sería el activo subyacente. En una call sobre acciones de una sociedad, el activo subyacente son esas acciones.
Sigamos entonces con el piso. En esa historia alternativa a su mera compra podríamos pagar una opción de compra a un año por él, por diez millones. La opción a comprarlo nos la dan por un millón, que pagamos gustosos. Al cabo del año resulta de nuevo que no vale los once millones que esperábamos que valiese sino los trece y, en consecuencia, ejercemos la opción de comprarlo solo por los diez, que para eso habíamos pagado el derecho a comprar el piso por ese precio, vendiéndolo en el acto por los trece millones. Nuestra ganancia habrá sido de tres millones, a los que hay que encima habrá que restar la prima de un millón que nos costó la opción de compra. O sea, solo ganamos dos millones, en vez de los tres millones de la historia anterior, pero la rentabilidad sobre el dinero invertido, que ha sido únicamente de un millón, es del 200%, en vez del 30% anterior.
Es decir, las ganancias o pérdidas lo son sobre las diferencias de valor del piso, del activo subyacente, pero la inversión no ha sido en el piso, sino en una pequeña garantía para poder optar al piso. Ahí es donde está la idea del apalancamiento.
El apalancamiento es la relación entre el valor monetario de una posición tomada y la inversión necesaria para tomar esa posición. En los mercados de contado el apalancamiento es uno, porque el valor monetario de la posición tomada es igual a la inversión necesaria para tomar esa posición, pero en los mercados de derivados el valor monetario de la posición (diez millones por el piso a un año), difiere notablemente de la inversión necesaria para ello (un millón por la opción).
Por razón del apalancamiento la rentabilidad de operar en los mercados de derivados puede ser mucho más alta que la obtenible en los mercados al contado. Pero, cuidado, por el mismo motivo, también puede ser mucho más negativa que la de los mercados al contado.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal