FUNCIÓN SOCIAL DEL ETNOCENTRISMO Y EL PREJUICIO CULTURAL

Desde que los grupos humanos se dedicaban a la caza y la recolección de alimentos, las tradiciones orales, primero, y los tejidos y la cerámica, después, empezaron a simbolizar valores compartidos por el grupo, cuya función (como la de toda la producción cultural) era darle a aquél cohesión social, legitimación política e identidad, es decir, ese sentido de mismidad y diferenciación que, materializado en un cúmulo de rasgos culturales, lo distinguen (pacífica o bélicamente) de otros grupos que han venido simultáneamente realizando el mismo operativo cultural.

En otras palabras, la práctica simbólica por medio de la que un pueblo se otorga a sí mismo cohesión, legitimación e identidad, es, por principio, una práctica etnocéntrica, porque solamente en relación o comparación hostil o pacífica con otros grupos, el pueblo en cuestión puede mantenerse unido, compartir un sentido de legitimidad del poder político que se ha dado a sí mismo y desarrollar un sentido original de pertenencia identitaria. El etnocentrismo, es, pues, una práctica social que se encuentra en la base no sólo de la diferenciación cultural, sino también de la organización social, política y económica de todos los pueblos. Es, entonces, una práctica normal y del todo explicable en el horizonte del desarrollo civilizatorio.

Sin duda, el etnocentrismo es también el origen del racismo, tal y como este término se entiende en su original acepción biologista, basada en el color de la piel y en el fenotipo. Lo que ha ocurrido después en la historia, es decir, los repetidos ciclos de dominación de unos pueblos sobre otros, que culminan con la hegemonía eurocéntrica a partir del proceso colonialista de los siglos XVI al XIX, constituye una abanico de desarrollos posibles de aquella primigenia práctica etnocentrista por medio de la cual las primeras diferenciaciones (y, a veces, fusiones) tuvieron lugar, dando origen a pueblos, civilizaciones y religiones en constante confrontación.

Todo esto no se dice para justificar el etnocentrismo ni el racismo, sino para explicar un fenómeno humano generalizado por medio del cual se ejerce la cohesión social, la legitimación política y la identidad: me refiero el prejuicio cultural, étnico, racial, sexual y otros. El prejuicio es un resultado directo del etnocentrismo, es decir, de las prácticas ideológicas (culturales) que los grupos humanos realizan para mantenerse unidos, legitimarse ante otros y darse identidad. Y a pesar de que en todas las sociedades multiculturales ha habido intentos de alcanzar la igualdad de los individuos ante la ley, siempre, como dice Orwell, han surgido grupos “más iguales que otros”, y esto incluye por supuesto a todas las formas concretas de la democracia. En otras palabras, el prejuicio ha sobrevivido a todo intento de erradicarlo.

A fines del siglo XIX, los relativismos culturales empiezan a ganarle terreno a las nociones antropológicas eurocéntricas (racistas), y las ideas ilustradas culminan en utopías políticas (capitalistas y socialistas) que buscan una convivencia en la que las diferencias culturales, étnicas, raciales, sexuales y demás, puedan hacerse a un lado al darle prioridad a una Ley que iguale a todos en su calidad de ciudadanos. En otras palabras, la identidad política (nacional) pretende subsumir las identidades etnoculturales, sexuales y demás. Pero en estos intentos ha quedado a la vista que los etnocentrismos y su universo de prejuicios; los racismos y sus polaridades supremacistas-victimistas; así como las interdiscriminaciones de todo tipo, siguen cumpliendo las mismas funciones que originalmente cumplían: es decir, las de cohesión, legitimación e identidad. Allí están el mundo musulmán y los nacionalismos de los Balcanes, la antigua Unión Soviética y España para probarlo.

Existen posibilidades de convivencia pacífica interétnica, intercultural e interracial, de eso no me cabe la menor duda. Pero no creo que por la vía de exacerbar la polaridad victimismo-supremacismo se pueda lograrlo. De esto hablaremos el martes.


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