Parece entonces que no valen la pena los esfuerzos de la Gestión Ambiental y la Eco-eficiencia para lograr producir con menor cantidad de materia prima y con menor impacto al medio ambiente. Aunque estos esfuerzos medidos de manera parcial representan una reducción en los costos y el aumento de la productividad sólo se encaminarían a una desmaterialización sostenible si se desligan de una manera radical de la producción. En la Figura 4, se puede apreciar como el consumo total de agua (m3) de la empresa PAVCO S.A. ,

de Colombia. En PAVCO el consumo de agua, al menos en los últimos 9 años, no tiene relación ni directa, ni inversa con la producción anual (en toneladas). En este caso específico, la desmaterialización del consumo de agua es evidente, pero habría un límite económico y tecnológico para la misma; alcanzado esté límite la sostenibilidad de la estrategia comenzaría a depender del consumo; es decir, si yo he reducido el consumo de agua total por un factor de 5 pero con el tiempo consigo aumentar la producción por un factor de 5, es claro que sería altamente productivo y se estaría haciendo “más con menos” pero en términos de agua estaría igual que al principio, pero consumiendo 5 veces más materias primas como PVC, plásticos, trasporte, energía, etc.

Las estrategias de reducción de la contaminación, producción más limpia y en general de Gestión Ambiental han sido apoyadas siempre en el concepto de aumentar la productividad y la eficiencia empresarial generando empresas mas competitivas, pero, en términos de recursos planetarios y a largo plazo no cambian la tendencia a consumir todos los recursos hasta su agotamiento, para abastecer nuestro sistema productivo. La Gestión Ambiental entendida así hace esta tendencia simplemente más lenta.

Esto es lo que se conoce como PROBLEMAS DE LA DESMATERIALIZACION DE LA ECONOMIA

La Sostenibilidad Social es otro de los cuestionamientos a este tipo de estrategias, ya que la reducción en los flujos de materia y energía supone de alguna forma la reducción de la producción y esto significaría reducción en fuentes de empleo. En el mundo de los negocios supone una alta capacidad de innovación y que estratégicamente hay ciertos sectores que no se pueden desmaterializar con la misma intensidad de otros, para no causar un problema social inmediato en aras de la sostenibilidad a largo plazo. Además, se plantean problemas entre las naciones productoras de materias primas y energía donde una estrategia de desmaterialización en naciones industrializadas busca reducir, por ejemplo, dependencia de las políticas de los países productores de petróleo.

Bajo la perspectiva de un país productor de materias primas y exportador de petróleo como Ecuador, no todos parecen aceptar la desmaterialización, FALCONÍ (2000) afirma que la desmaterialización de la economía no está comprobada y además está en entredicho, especialmente cuando se estudia desde la valoración global de materiales y energía utilizados por las economías industrializadas o ricas y, desde el tipo de indicadores que se utiliza para medirla. El Doctor Falconí sostiene que la desmaterialización de la economía es apresurada y tiene una carga ideológica muy fuerte, recurriendo en su discusión al problema Norte-Sur, y “que a pesar de la sofisticación de algunos modelos y técnicas econométricas utilizadas aún no hay una evidencia empírica, peor aún una certeza física concluyente de este hecho” refiriéndose a la desmaterialización de las economías industriales.

LA FALACIA DE LA DESMATERIALIZACIÓN PARCIAL

La desmaterialización de la producción es una realidad. Ciertos productos, como los computadores personales, teléfonos celulares y en general los artículos producidos por la industria electrónica se han vuelto más ligeros y pequeños, en un proceso que consume cada vez menos materia y energía para la producción y distribución unitaria de cada artículo. Este es un proceso donde se aumenta la productividad y se basa en la capacidad de innovación de los productores. Si embargo este aparente progreso de la ciencia y del sistema productivo parece no tener efectos a largo plazo en la sostenibilidad de la economía ya sea local o planetaria. Un caso dramático es el consumo de papel, en una sociedad en que la tendencia es a un mundo “on-line” donde se tiende al menor uso de papel, Estados Unidos con todos sus avances de redes e Internet hoy usa el doble de papel que los usado en 1950, en promedio un kilo por persona día . En la Figura3 se aprecia esta tendencia para la economía estadounidense.

Como afirma SCHMIDT-BLEEK (2000) , para ejemplarizar esta idea del consumo intensivo y la necesidad de separar la tendencia que une el uso de los recursos con la producción de bienes y servicios; se estima que hoy día, más de 100 millones de empresas producen alrededor de seis millones de productos diferentes en el mundo entero, y quizás diez veces más en servicios cada día. Estos productos y servicios cambian de manera continua sujetos a procesos permanentes de innovación y son consumidos por 6 mil millones de personas, viviendo en más de 200 países con bagajes culturales diferentes y en las más variadas condiciones geográficas. Bajo estas condiciones la generación de mayor numero de bienes y servicios no es sostenible, pero genera riqueza y desarrollo a corto plazo.]]

Un factor crítico para alcanzar el consumo sustentable sigue siendo el establecimiento de una alternativa aceptable para el actual modelo de consumo que debería llevar una mejor calidad de vida a toda, o al menos a la mayoría de la población. El nuevo modelo debería permitir, por ejemplo, más tiempo para la vida en familia y en comunidad, más participación en eventos culturales y más tiempo para prácticas religiosas y espirituales.

Muchos autores han propuesto diferentes modelos o paradigmas para cambiar los patrones actuales de consumo y producción y alcanzar un futuro más sustentable. Todos ellos proponen una serie de actividades y responsabilidades coordinadas por el gobierno, la industria y los consumidores. A continuación presentaremos solamente cuatro que permiten tener una visión general de las alternativas que actualmente se están buscando y estudiando. Los nuevos paradigmas incluyen una perspectiva integrada en cuanto a políticas e iniciativas, un nuevo modelo industrial y un cambio de una economía de productos hacia una economía de servicios.

Uno de estos paradigmas se enfoca en la desmaterialización y los cambios en estrategias corporativas que pueden llamarse “venta de desempeño en lugar de bienes”. La economía industrial actual tiene una estructura lineal y su éxito se mide como el flujo monetario en el punto de venta, lo cual está directamente relacionado con el flujo de bienes y recursos de materias y energía. Para poder ser sostenibles, los países industrializados tendrán que operar en un nivel más alto de eficiencia en el uso de recursos estimado en un factor de 10. Esto puede alcanzarse mediante una economía de servicios que emplee el “valor de uso” como su concepto central de valor económico y mida su éxito en términos de administración de activos revalorando la existencia de bienes y optimizando su uso (véase cuadro 2).

Un ejemplo puede ser el siguiente: imaginemos que una compañía que fabrique productos químicos venda información y asesoría en lugar de pesticidas. Actualmente, las compañías químicas aumentan sus beneficios de manera proporcional al aumento en la venta de pesticidas, lo cual da como resultado la contaminación y el desperdicio de recursos.

Sin embargo, una alternativa más eficiente podría ser que los agricultores pagaran a las compañías por proteger sus cultivos en lugar de adquirir sustancias químicas peligrosas. Al mismo precio por área agrícola, la compañía se enfocaría a evitar el desperdicio de materiales y la utilización de controles biológicos baratos y por lo tanto en reducir el uso de pesticidas.

Un segundo paradigma se enfoca en la necesidad de aplicar un nuevo modelo industrial que valore las ganancias sociales y ambientales tanto o más que las ganancias económicas. Este modelo industrial debería tener las siguientes características:

- No introduce materiales peligrosos en el aire, el agua y la tierra.

- Mide la prosperidad por la cantidad de capital natural que puede aprovecharse de manera productiva.

- Mide la productividad por el número de personas que tienen un buen empleo.

- Mide el progreso por el número de edificios industriales que no tienen chimeneas ni otro medio de contaminación del ambiente.

- No produce nada que requiera la vigilancia de las futuras generaciones.

- Celebra la abundancia de la diversidad biológica y cultural, además de la energía solar. (Mc Donough y Braungart 2001)

El tercer modelo se diseñó con la idea de combatir los problemas principales del consumo insostenible. Algunos gobiernos europeos que han desarrollado métodos de “Políticas Integradas para Produc-tos” (PIP), para crear un sustento legal estándar y una plataforma de incentivos para cerrar el ciclo de productos y recursos en relación con su desempeño económico.

Las PIP proponen remediar la actual situación insostenible aplicando una amplia gama de políticas de manera coordinada, integrada y complementaria. Se basan en el hecho de que no existe una sola solución que se aplique en todos los casos y, por lo tanto, proponen una serie de instrumentos que se utilizarán dependiendo de cada caso. Los instrumentos van desde acuerdos voluntarios hasta leyes enérgicas (ver cuadro 2).

Las PIP son un buen ejemplo del desarrollo de políticas que, al captar una amplia gama de cuestiones en una sola propuesta, hacen que las leyes sean más eficientes para la industria; así hay menos leyes que administrar y un desempeño más competitivo y eficiente en términos generales.

El último modelo se llama eco-producción y se enfoca hacia una planeación y manejo comunitario y participativo de los recursos naturales buscando la maximización de los beneficios para la mayoría y dentro de una perspectiva cultural local. Todo esto se lleva a cabo con una visión a largo plazo y con el objetivo de la sustentabilidad.

La eco-producción se orienta hacia un desarrollo rural, local y comunitario que valoriza la diversidad cultural. La eco-producción es un modelo participativo de análisis comunitario de planeación y acción que incluye la evaluación de los beneficios culturales, ambientales, sociales y económicos de las actividades productivas y de utilización de los recursos naturales (incluyendo los recursos humanos) que las comunidades rurales piensan realizar.