El Campo y Método de la Economía

I. Contenido de la Economía

La economía es la ciencia que se ocupa de la administración de los recursos escasos en la sociedad humana. Los seres humanos que viven dentro del marco de una civilización histórica dada experimentan diversas necesidades, tales como las de alimentos, vestido, educación, habitación, prestigio social, diversiones y manifestación de sentimientos religiosos, nacionales, políticos y de otra índole. Algunas de las necesidades mencionadas provienen de exigencias biológicas que deben ser satisfechas para conservar la propia vida.

Sin embargo, la mayor parte de estas necesidades son el producto natural de la existencia en una sociedad civilizada y, con frecuencia, provienen de los mismos medios que se emplean para satisfacerlas. Aún más, las necesidades que surgen de las exigencias biológicas adoptan formas especiales que están determinadas por las características de una civilización en particular. Las necesidades pueden satisfacerse mediante el empleo de objetos adecuados denominados bienes; por ejemplo: tierra, carbón, ganado, edificios, barcos, ferrocarriles, maquinaria, existencia de materias primas y mediante servicios tales como transporte, habitación, mano de obra, enseñanza, administración, etc., etc. Los bienes y servicios son los recursos que sirven para satisfacer los deseos humanos. Algunos de estos recursos, el aire por ejemplo, son tan abundantes que todas las necesidades que dependen de ellos pueden ser completamente satisfechas. Otros, sin embargo, como el petróleo o los servicios que proporcionan los seres humanos, existen únicamente en cantidades insuficientes para satisfacer todas las necesidades que dependen de estos recursos. En estas condiciones, decimos que los recursos son escasos.

Cuando los recursos son escasos, ciertas necesidades permanecerán insatisfechas, lo que conduce a los individuos a tomar decisiones que, en función de la organización y las instituciones sociales, determinan las distribución de los recursos escasos entre las diferentes personas, así como su empleo. En otras palabras: los recursos se administran. El estudio de las formas de administrar los recursos escasos es el objeto de la ciencia económica.

La administración de los recursos está influida por las características de la civilización y por la organización e instituciones sociales existentes. Pero esta influencia es doble, ya que las necesidades que se satisfacen con los recursos son, a su vez, el producto del nivel de civilización y del desarrollo histórico de la sociedad. Asimismo, los instrumentos mediante los que se obtienen los recursos escasos se emplean en diversos propósitos, se distribuyen entre diferentes personas y están determinados por la organización social y sus instituciones. Por último, los procedimientos para administrar los recursos escasos están influidos por las formas de propiedad, las instituciones privadas como empresas y bancos; el conocimiento técnico adquirido en institutos de investigación y divulgado a través de la enseñanza, las reglamentaciones de las agencias gubernamentales y, también, por las costumbres y el nivel moral.

En consecuencia, la economía es una ciencia social, o sea que se ocupa de una materia que depende de los niveles y formas de vida en la sociedad humana. Difiere de la sociología, la ciencia de las acciones y relaciones sociales (modelos de acciones sociales repetidas) entre los hombres, por estar interesada en las acciones de los individuos en relación a los recursos escasos que sirven para satisfacer sus necesidades. Estas acciones dependen de las sociales, pero son distintas de ellas. Nosotros las denominaremos acciones económicas.

Si bien es cierto que las acciones económicas dependen de las acciones sociales, ésas, a su vez, pueden influir y aún crear acciones y relaciones sociales. Esta interrelación proporciona materia para un estudio especial, que podríamos denominar sociología económica, o sea la ciencia que se ocupa del efecto que las acciones económicas tienen sobre las acciones y relaciones sociales. Esta ciencia daría lugar a materias como la sociología de las relaciones industriales, la burocracia en las empresas y el sindicalismo. Sin embargo, el presente ensayo se limita a la economía, esto es, al estudio de la acción económica. Esto lleva involucrado un estudio de la influencia de la organización y de las instituciones sociales en las formas y métodos de administración de los recursos escasos.

Como cualquier otra ciencia, la economía no se satisface con un mero conocimiento descriptivo. Trata de encontrar modelos generales de uniformidad en la administración de los recursos escasos.

La posibilidad de establecer tales modelos de uniformidad se basa en dos hechos observados: 1) las acciones humanas, respecto a los recursos escasos, están sujetas a modelos uniformes que se repiten; por ejemplo, la mayor parte de la gente reacciona ante un incremento en sus ingresos, gastando más dinero en bienes y servicios; y 2) dentro de la estructura de una organización social y sus instituciones, las uniformidades en la acción económica de los individuos o de los grupos de individuos, producen ciertas uniformidades en la distribución y en el empleo de los recursos escasos. Siguiendo esta línea de pensamiento puede afirmarse que un incremento en la cantidad de los créditos bancarios concedidos a los hombres de negocios o a las empresas, conduce a éstas, o a aquéllos, a aumentar su demanda de recursos, y esto se traduce en un incremento en la ocupación y/o en los precios.

La rama de la economía que estudia tales modelos de uniformidad y los combina en un sistema coherente, se denomina economía teórica o teoría económica (también análisis económico). Las proposiciones que enuncian estos modelos de uniformidad se conocen como leyes económicas. Las leyes económicas son, como todas las demás leyes científicas, proposiciones condicionales. Aseguran que estos y aquellos sucede regularmente, siempre que sean satisfechas estas y aquellas condiciones (es decir, siempre y cuando tales y cuales observaciones tengan lugar). Ninguna ley científica se cumple cuando sus condiciones previas no se realizan y dato que la administración de los recursos escasos está influida por la organización y las instituciones sociales, éstas formarán parte de las condiciones que determinan las leyes económicas. En consecuencia, las leyes económicas que se cumplen en un tipo de organización social pueden fallar en otro tipo distinto. Por esta razón, la mayor parte de las leyes económicas están “históricamente limitadas” por ciertos tipos de organización e instituciones sociales. Sin embargo, esto no quiere decir que exista una diferencia básica sobre las leyes de la economía (o de las otras ciencias sociales) y las leyes de las ciencias naturales. Estas son también incidentales y dependen de condiciones que están sujetas a cambio. Las diversas leyes de las ciencias naturales tienen diferentes grados de duración históricas, generalmente bastante mayor que la permanencia de las leyes de la economía, aún cuando no es éste siempre el caso (algunas leyes de la meteorología tienen una menor duración que algunas leyes económicas). La diferencia es solamente de grado. Como todas las leyes científicas, las leyes económicas se establecen con el fin de hacer predicciones seguras sobre el porvenir de las acciones humanas. En economía, las leyes sirven para predecir el resultado de la política; es decir, de la acción de las agencias públicas o privadas en relación con la administración de los recursos escasos. Sin embargo, dichas predicciones son difíciles, debido a las numerosas condiciones que circunscriben la validez de las leyes económicas, y a la dificultad para asegurar si todas ellas se satisfacen en una situación particular. No obstante. algunas predicciones basadas en la ciencia económica han tenido éxito.

La teoría económica no agota el campo de la investigación económica. La economía también estudia y describe las formas y métodos particulares de la administración de los recursos escasos, tal y como han desarrollado en la historia de la sociedad humana; de igual modo, se hacen observaciones que se clasifican e interpretan con la ayuda de las uniformidades establecidas por la teoría económica. Esta investigación provee la materia de la economía aplicada.

La economía aplicada se subdivide en varias partes. La más importante de todas es la historia económica -el estudio de la administración de los recursos escasos en las sociedades humanas del pasado- y la economía institucional, es decir, el estudio de la influencia de ciertas instituciones sociales en la administración de los recursos escasos.

Como ejemplo de problemas que caen dentro de este campo de estudio, podemos citar el efecto de las asociaciones comerciales sobre los precios, la calidad y la producción de bienes, o el efecto de los cultivos colectivos sobre la eficiencia de la producción.

La teoría económica ordena los modelos de uniformidad en un sistema coherente. Esto se logra mediante la presentación de las leyes económicas como un grupo de proposiciones deductivas, derivadas por las reglas de la lógica (y de las matemáticas) de unas cuantas proposiciones básicas. Estas proposiciones básicas se denominan supuestos o postulados y las proposiciones derivadas se conocen como teoremas. En esta forma, la teoría económica aparece (como todas las demás ciencias teóricas) como una ciencia deductiva. Sin embargo, esto no la convierte en una rama de las matemáticas puras o de la lógica. Como las demás ramas de a economía, la teoría económica es una ciencia empírica. Sus supuestos y postulados corresponden, aproximadamente, a la generalización de observaciones empíricas; por ejemplo, el supuesto de que las empresas privadas actúan de tal manera que su fin último es obtener la máxima utilidad monetaria. Algunos errores de apreciación (por ejemplo, ciertas consideraciones, como el factor seguridad, que pueden desviar los propósitos de las empresas de obtener el máximo de utilidades), son aceptados a fin de lograr mayor simplicidad. En cambio, los teoremas están sujetos a comprobación mediante la observación empírica. Un grupo de teoremas deductivos, sujetos a la prueba de la experiencia, se conoce también como teoría, hipótesis o modelo. Por lo anterior, podemos decir, que la teoría económica proporciona hipótesis a modelos basados en la generalización de las observaciones y sujetos a comprobación empírica.

Mientras que los supuestos (postulados) que sirven de base a un modelo son únicamente aproximativos, los teoremas no corresponden directamente a los resultados de la observación empírica. Con el fin de establecer esta relación, deben proporcionarse procedimientos especiales. Primero, los conceptos empleados en los modelos teóricos no son representaciones adecuadas de la observación. Por ejemplo, un modelo teórico habla “del precio” de un bien concreto, pero la experiencia falla al no producir nada que se parezca a dicho “bien” concreto y a su “precio”. Hay cientos de grados de calidad y miles de vendedores que fijan cada uno un precio diferente. En este caso, la experiencia es mucho más rica que lo que pueda decirse con el lenguaje de la ciencia. Con el propósito de cubrir el vacío existente entre los conceptos teóricos y la observación empírica, es necesario tener un procedimiento de identificación, el que contiene reglas que establecen una relación entre los dos. Dichos procedimientos tienen que ser proporcionados por las diferentes ramas de la economía aplicada. Aún más, los teoremas de la teoría económica nunca nacen exactamente de la observación práctica. Cuando más únicamente lo hacen “aproximadamente”. De este hecho surge la pregunta siguiente: hasta dónde se considerará como un grado aceptable de aproximación, que nos incline a aceptar una hipótesis como “cierta”, y qué grado de aproximación debe juzgarse como insuficiente, haciéndonos rechazar la hipótesis por “incompatible con los hechos”. Esta pregunta sólo puede contestarse mediante un procedimiento de verificación (comprobación) que establezca ciertas reglas de acuerdo con las cuales las hipótesis se aceptan como “empíricamente verificadas) o se rechazan por “empíricamente no verificadas” o “refutadas empíricamente”. Una rama especial de la economía desarrollada recientemente trata de tales procedimientos de verificación. Se le conoce con el nombre de econométrica y se basa en los principios de la estadística matemática.

La administración de los recursos escasos, empíricamente observada, puede valorarse en términos de ciertos objetivos sociales. Dichos objetivos podrán consistir en la satisfacción más adecuada de las necesidades de los individuos, de acuerdo con sus propias preferencia. o en dirigir los recursos escasos hacia ciertos propósitos colectivos: por ejemplo, la industrialización de un país de acuerdo con un plan, como la Unión Soviética, o el éxito en la terminación de la guerra, o la promulgación de ciertas ideas de justicia social o, finalmente, en la combinación de todos estos propósitos. Una vez que estos objetivos sociales se han determinado, las reglas para el empleo de los recursos escasos se encontrarán después de comprobar en dónde son más apropiados para el cumplimiento de tales objetivos. El empleo de los recursos que sigue estas reglas se considera como el empleo “ideal”. Las reglas del empleo “ideal” de los recursos proporcionan un modelo mediante el que puede valorarse el empleo actual, en función de la convivencia social.

El empleo de los recursos escasos, empíricamente observado, puede confrontarse con el empleo “ideal” y posteriormente recomendar las medidas para ajustarse al “ideal”. Esta actividad proporciona la materia para otra rama de la ciencia económica denominada economía del bienestar (o economía social).

Las reglas que rigen el empleo “ideal” de los recursos escasos son proposiciones que expresan modelos uniformes de acción económica. Si éstas se adoptan, conducen con mayor precisión a los objetivos sociales que se desea. Sin embargo, debe señalarse que estas proposiciones son condicionales, debido a que tienen validez sólo bajo determinados objetivos sociales y ciertas condiciones empíricas. Asimismo, es necesario someterlas a una comprobación empírica (puede suceder en la práctica que un regla que se refiere al empleo “ideal” de los recursos escasos no tenga validez para cierto objetivo social). En consecuencia, las reglas del empleo “ideal” de los recursos deben considerarse como una categoría especial de leyes económicas. Por este motivo, es conveniente incluir la economía del bienestar en la teoría económica, considerándola como una rama suplementaria de esta última.

2. La Objetividad de la Ciencia Económica

Las proposiciones de la ciencia económica tienen validez objetiva. Esto significa que dos o más personas que convienen en obrar de conformidad con las reglas del procedimiento científico, están obligadas a alcanzar las mismas conclusiones. Si empiezan con los mismos supuestos, están obligadas, de acuerdo con las reglas de la lógica, a derivar los mismos teoremas. Si aplican las mismas reglas de identificación y verificación, están obligadas a llegar a un acuerdo respecto a si los teoremas deben ser aceptados como “verdaderos” o rechazados como “no verdaderos” o “falsos”. La prueba de la verificación decide si los supuestos son correctos o no. En el último caso, deben reemplazarse por nuevos supuestos que permitan que los teoremas resistan la prueba de la verificación. Por lo tanto, el veredicto final en relación con cualquier proposición de la ciencia económica se basa en el testimonio de los hechos; es decir, de la observación empírica: “la prueba del budín está al comerlo”. El veredicto tiene validez objetiva porque los hechos son impersonales en otras palabras, cualquiera puede observarlos.

La validez objetiva de las proposiciones es aplicable también a la economía del bienestar. No es necesario un acuerdo entre las diversas personas acerca de los objetivos sociales que proporcionan la medida para evaluar la economía del bienestar. Distintos grupos sociales o personas pueden desear diversos objetivos sociales, y de hecho, frecuentemente se presenta esta situación. Sin embargo, una vez que se establecen los objetivos y se hacen ciertas suposiciones acerca de las condiciones empíricas, las reglas del empleo “ideal” de los recursos se derivan de las normas de la lógica y se comprueban por los principios de la verificación. Este procedimiento es objetivo; es decir, cualquiera que los aplique debe obtener las mismas conclusiones. La situación puede compararse con la de dos médicos tratando a un paciente. No es preciso la conformidad entre ambos sobre la necesidad del tratamiento. Un médico puede desear curar al paciente, el otro puede desear su muerte (por ejemplo el paciente puede ser judío en el campo de concentración nazi; uno de los médicos puede ser su compañero de prisión que desea ayudarlo, y el otro médico puede ser un nazi actuando bajo la orden de exterminar a los judíos) pero una vez que el objetivo se determina en función del propósito en discusión (por supuesto, alguno de los dos médicos puede rehusarse a actuar de acuerdo con este objetivo) sus proposiciones acerca de si un tratamiento dado es apropiado para el fin en consideración, tiene validez objetiva. El desacuerdo entre ellos puede arreglarse recurriendo al hecho mismo y a las reglas del procedimiento científico.

Nuestra conclusión acerca de la objetividad de la ciencia económica puede parecer sorprendente. Los economistas se destacan por su incapacidad para llegar a un acuerdo y por encontrarse divididos en “escuelas de pensamiento” opuestas; “ortodoxas” y “heterodoxa”; “burguesa” y “socialista”, y muchas otras más. Sin embargo, la existencia de un profundo desacuerdo entre los economistas no refuta nuestra tesis acerca de la objetividad de la economía como ciencia. El origen de todos los desacuerdos puede encontrarse en una o más de las fuentes siguientes:

1) Desacuerdo acerca de los objetivos sociales. Es esta la fuente más frecuente de desacuerdo, pero esta inconformidad actúa como tal únicamente mientras es implícita y no reconocida. Si los objetivos sociales son propuestos explícitamente, el desacuerdo desaparece. Para cualquier grupo dado de objetivos sociales y suposiciones en cuanto a las condiciones empíricas, las conclusiones surgen con validez objetiva mediante la aplicación de las reglas de la lógica y de la verificación.

2) Desacuerdo acerca de los hechos. Desacuerdo que puede resolverse mediante una observación adicional y un estudio del material empírico. Sin embargo, frecuentemente los necesarios datos empíricos para resolver el desacuerdo no son asequibles. En tales ocasiones, el hecho permanece en desacuerdo. La conclusión de que las diferencias no puede arreglarse con los datos disponibles, tiene una validez objetiva. El acuerdo puede surgir sin enjuiciarlo.

3) Mal empleo de las reglas de la lógica, de la identificación y de la verificación. Este desacuerdo puede resolverse por la aplicación correcta de estas reglas.

En consecuencia, todos los desacuerdos surgen de la mala aplicación de las reglas del procedimiento científico y puede resolverse mediante la estricta aplicación de las mismas. Sin embargo, los economistas, al igual que otros científicos, no son autómatas que actúan apegándose estrictamente a las reglas del procedimiento científico. Como seres humanos están sujetos a un gran número de influencias, algunas conscientes, las más de ellas subconscientes, pero éstas necesariamente determinan sus conclusiones sustentadas en la literatura económica. Existen influencias sociológicas y psicológicas que en algunas ocasiones son desfavorables y otras favorables a la aplicación del procedimiento científico. La persistencia de los desacuerdos indica que las influencias desfavorables son muy fuertes. Es preciso tener una visión clara, tanto de las influencias desfavorables como de las favorables.

Los economistas, como otros seres humanos, viven a la sombra de las instituciones de una sociedad histórica están sujetos a las características de su civilización. Participan de sus creencias y valores, prejuicios e intereses, horizontes y limitaciones. Dependen para su subsistencia y desarrollo intelectual, de las instituciones de la sociedad en la que viven; por ejemplo, de las universidades, institutos de investigación, editoriales, prensa, gobierno y de las empresas. La mayor parte de estas instituciones tienen otros objetivos más importantes que los de la “libre búsqueda de la verdad”, y , sin embargo, también éstas dependen del resto de la sociedad y necesitan hacer sus ajustes y concesiones.

Aún más, los economistas reciben su formación intelectual al mismo tiempo que son miembros de una nación en particular, de una clase social, de un grupo religioso o filosófico, de una tradición política, etc. Todo esto expone a los economistas, y también a los otros científicos, a una multiplicidad de influencias distintas de las reglas del procedimiento científico. Aquellas influencias que son conscientes se reconocen fácilmente y se eliminan si éstas se oponen a la aplicación honrada del procedimiento científico. Aún en este caso numerosas personas pueden optar por limitar su investigación científica a campos “seguros”, en los que es reducido el peligro de un conflicto con los intereses y prejuicios dominantes.

Sin embargo, las influencias realmente importantes son aquellas subconscientes. El economista expuesto a ellas desconoce su existencia; las influencias operan a través de procesos de racionalización de los estímulos subconscientes y el resultado es la formación de ideologías, o lo que es lo mismo, de sistemas de creencias que se sostienen, no por su congruencia con el procedimiento científico, sino por la racionalización de motivos subconscientes, ilógicos. Las ideologías no tienen validez objetiva. Convencen solamente a aquellos individuos que participan de los mismo motivos subconscientes y sufren el mismo proceso de racionalización.

El estudio de las ideologías, de las condiciones de su origen e influencias, ha llegado a ser la materia de una disciplina especial: la sociología del conocimiento. Esta disciplina ha aportado valiosas ideas para el conocimiento de las condiciones sociológicas y psicológicas de la investigación científica. Su contribución más importante es el reconocimiento del hecho de que toda producción científica contiene un elemento ideológico. Esto atañe tanto a las ciencias naturales como a las ciencias sociales. La historia de la teoría copérnicana en Astronomía y la teoría de la revolución en Biología nos proporciona un ejemplo. Durante largo tiempo la actitud de los astrónomos y de los biólogos hacia estas teorías fue influida por su actitud general, amistosa u hostil, hacia las doctrinas eclesiásticas dominante, así como por su propia dependencia o libertad de las instituciones eclesiásticas. La historia de la economía está llena de ejemplos de la presencia del elemento ideológico en la ciencia económica. Las etapas más importantes en el desarrollo de la economía no fueron meramente científicas, sino también ideológicas que suscitaron trascendentales consecuencias sociales.

La existencia del elemento ideológico en cada ciencia ha motivado que algunos representantes de la sociología del conocimiento nieguen la validez objetiva de las proposiciones científicas, en particular en el campo de las ciencias sociales. Sin embargo, una conclusión de este género es poco sólida, pues la validez de las proposiciones científicas puede demostrarse en forma objetiva mediante la comprobación de los hechos.

Las predicciones derivadas de las proposiciones científicas pueden tener su origen en las pruebas de la verificación. El resultado es completamente independiente de los motivos humanos, conscientes o subconscientes; dependa sólo de la exactitud del procedimiento científico aplicado al establecer las proposiciones. Los eclipses predichos pueden o no ocurrir, los puentes soportan el peso del tráfico o se caen, los pacientes sanan o mueren, no obstante los motivos personales del astrónomo, del ingeniero o del médico.

Algunas condiciones económicas que conducen a la desocupación o a la inflación, ocurren a pesar de la opinión persona del economista con respecto al sistema capitalista. La validez de las proposiciones científicas no dependen de los motivos humanos; depende por completo de la observación de las reglas del procedimiento científico y, por lo tanto, es objetiva.

El elemento ideológico en la investigación científica no es necesariamente un obstáculo en la obtención de resultados que tienen validez objetiva, pues de lo contrario a la fecha sólo se hubiera logrado un proceso científico muy limitado. El motivo ideológico puede también estimular el desarrollo de las ciencias. En Física y en Química se han hecho descubrimientos gracias al deseo de obtener utilidades o de promover la defensa nacional (en realidad, el desarrollo mismo de estas ciencias se relaciona estrechamente con la industria de nuestro tiempo y los procedimientos de la guerra moderna). La Biología ha sido estimulada por el deseo de evitar la enfermedad y el sufrimiento. Muchas de las contribuciones importantes de las ciencias sociales se deben a la pasión por la justicia y el mejoramiento social. Precisamente, los descubrimientos de la economía fueron impulsados ideológicamente por los deseos de libertad y justicia, así como por los intereses de la clase media industrial. El progreso de la economía institucional tuvo su motivo ideológico en el deseo de justicia y mejoramiento de la clase trabajadora.

Parece que existe alguna relación entre la naturaleza de los motivos y su influencia favorable o desfavorable sobre el desarrollo de la economía y de las otras ciencias sociales. Motivos “conservadores”, es decir, motivos derivados del deseo de mantener las instituciones sociales y los niveles de civilización establecidos, tienden a ser desfavorables; en tanto que los motivos “progresistas”, originados del deseo de cambiar y mejorar las instituciones social y los niveles de civilización, tienden a favorecer la obtención de resultados científicos válidos en el campo de las ciencias sociales. El deseo de cambio y superación, ya sea consciente o subconsciente, despierta la inquietud intelectual que posteriormente se traduce en la investigación científica de la sociedad humana.


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